lunes, 23 de noviembre de 2015

El club de los lunes


Acudir los lunes al club no era sencillo, por la mañana costaba despertar y programarse para hacerlo dos horas antes era aún más desalentador. Si el despertador picoteaba a las 5 am podríamos arrojarlo de un manotazo al suelo de forma autómata, pero no era el caso, había una programación previa, los lunes se acude al club como los católicos lo hacen a misa de mediodía en domingo, grandes organizadores del tiempo aquellos. El club no era un espacio físico, ni contaba con una membresía, sus parroquianos no se conocían entre ellos y bastaba conectar el ordenador a la red para estar en aquel no-lugar. 

¿Qué se comparte a las 5am en lunes?, ¿el mal humor?, ¿la acidez estomacal?, ¿el sueño? Es posible que eso suceda si llamas a casa de cualquiera en ese horario insano, pero en este club todo comenzaba con una buena canción, 30 personas compartiendo el mismo sonido, si el vecino era parte quizá pudieras escucharle cantar en el piso inferior y verle dar un par de pasos de baile o mover a ritmo las manos. Claro que para adelantar el termino del sueño por una canción no era suficiente motivo aunque fuese el mismísimo Freddie Mercury en los altavoces. 
¿Qué podría llevar a un grupo de seres realizar una actividad tan desconcertante y atípica? - La mentira, la ficción y el rechazo a los lunes, si eras 5 am sólo significaba una sola cosa, aún te quedaban dos horas para hacer lo que te diera en gana, el lunes laboral estaba retrasado y tú estabas en las dos horas previas, no de la resignación y el mal humor, no el de las elucubraciones de la semana que te esperaba, no, estabas bailando con 30 deschavetados que cantaban como tú y aprobaban unánimemente la voz de Freddie, y hacían cara a la maldad del lunes, si aquel motivo no era suficiente para despertar cada lunes y reír , entonces todos se pueden ir a sufrir, porque mientras conceden miles de minutos a leer esto o al Facebook y a todos esos mensajes de queja y presunción, unos tontos cantan.  
Ya me había resignado a sufrir como todos ustedes los lunes, a querer aplastar la alarma y a rogarle 5 minutos más cada bendito lunes, pero ahora que he dado con este club nada de eso me aqueja ya, ¿suena a una locura, verdad?, pues lo es, y sin embargo he hecho cosas mas absurdas que despertar de madrugada por un par de canciones y por una comunidad invisible. Si a usted el club de tejido, o el gym le parecen de lo más sanos y entretenidos, ¿por qué a mi no me parecería increíble un club para escuchar música a las 5 am en lunes? 
Ya es media tarde y saben no percibí cuando se instalo el lunes oficial, no sé ustedes pero a mi esto de ser parte del club sólo me ha dado motivos para bailar. http://open.spotify.com/artist/1dfeR4HaWDbWqFHLkxsg1d

domingo, 15 de noviembre de 2015

Conversación infinita

-¿Olvide saludar?

Ella mira la epístola cargada de gifs y emoticones, acaba de repasar por tercera vez el chiste interminable que ha sostenido por días con M. El -¡hola!- reaparece una semana atrás, en dichas conversaciones se condensan días, semanas de un intercambio que rara vez conoce novedad. 

-¿Viste el tuit de @devenirchiste?
-Oh sí, es brutal, casi me orino.
-Te dije que era muy cagado el fulano, irás a la fiesta? 
-Obvi...
... (treinta mensajes después, impasse, al fin silencio, nada, vacío)
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-Carmen llamó, regala cachorros... 
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El tintineo de luz en el celular debería cegarle, ya no responde. Cada gráfico se rehusa a seguir la conversación. Algo exige cercanía y seriedad, otro suelta una risa estridente, contiene esa explosión del desorden, de un torbellino a punto de chocar. El objeto sigue en su pasividad exigente, la cautelosa forma de fastidiar, enciende y apaga un punto luminoso, la prudencia se converte en imposible, insostenible. Qué maravilloso sería estrellarlo, la ira surge confundida con la broma, esa forma tan inocente y habitual. La civilidad del control de nuestras emociones, hay que reír o asesinar, alguno tiene una gran idea, de esas ideas estúpidas, - hay que hacer ambas cosas!!!- grita y escupe saliva en pleno arrebato, la sangre parece apunto de salirle por ojos. 

 Algo apesta en toda la escena, peor que carne podrida, el objeto acrecentó su materialidad, lo invade todo, pero ya no lo notamos. -¿Quién enferma con todo esto?, ¡Nadie!, tengo nauseas, sí, esas pinches nauseas llenas de felicidad azucarada. Disculpen debo abandonar la conversación, iré a vomitar, pero sigan, sigan, todos tenemos algo nuevo que decir.
 

lunes, 21 de septiembre de 2015

La carrera.

La travesía comienza frente a una encrucijada, el camino que demoraste tanto en confrontar, ha sido  echado a la suerte, y es ahora que frente a ti la disyunción, la Y se abre, sólo eso conoces, porque la habías soñado muchas veces. Quieres regresar, tratas de hacerlo, pero ya no es posible, la banda en la que se ha convertido tu camino no te permite parar más, no hay retorno posible, mientras dejas caer tus piernas y notas como te acercas sin remedio alguno a la intersección tratas de no llorar, de abrir la mente y dejarla sin pensamientos, no sabes qué hacer, pero ya no te mueves ni luchas, no piensas y la tristeza se confunde, tampoco ella te acompaña ahora. 

Esto tiene el aspecto onírico de madrugadas en las que encontrabas tu alma debajo de la cama o enterrada en la maceta. El intermitente anuncio del HUBIERA sigue latiendo, de buena gana le dispararías, pero no puedes, es tu faro, un pésimo faro, contradictorio en su naturaleza. 

Fallas en tu entrega, de último momento luchas, pataleas, es tarde, sí, lo sabes, pero siempre hay una posibilidad, aún no te encuentras de ningún lado, aún miras de frente, tienes miedo, mucho miedo, es lo único certero ahora, tiemblas, crees que puedes desmayarte, pero sabes que no será tan sencillo. Preferirías ver la tele y olvidarte del asunto, no puedes, ya no puedes seguir mirando de lado. 

Lloras, no puedes parar, tu pecho se he encogido, porque el aire ya no es suficiente. Te mareas, pero no pierdes la consciencia, maldices tu cuerpo tan joven y pleno, tu fortuna. Piensas lo estúpido que eres pensando en aquellas miserias. Sigues pateando y te sigues acercando, buscas piedras en tu bolso. 
 Lloras desconsoladamente, en un arranque de furia te entregas a tu destino dispuesto a perder a estrellar tu cuerpo y destrozarlo, no planeas decidir un carajo, no quieres y no lo harás, antes te destruyes, piensas en una imagen poética, un instante después te ríes desaforadamente sabes que es una estupidez. 

Al fin algo de calma, tu derrota puede estar anunciada metros antes, es cierto, pero si no tienes ya nada que perder entonces evalúas que querías llegar hasta este momento en el que aceptas que  no te importa, en el que tiras aquellos sueños rancios que creíste tuyos y con tanta ligereza corres para la derecha convencido de que no te importa darte cuenta que eres zurdo y siempre has echado carrera con dirección a la izquierda, que tus pasos, amigo, no se han equivocado, eres tú el que nunca los ha comprendido. Ahora corre, corre, corre y olvida parar. Buen viaje. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

SECOND BASE, frenesí.

Pienso en el frenesí, en tu respiración acelerada, el ruido que despegaba en tu cremallera y subía hasta mis oídos. Recuerdo tus ojos cerrados, el tacto de tus manos merodeando mi cuerpo. La luz del tablero que olvide apagar, mi propia respiración alocada, las ansias de aspirar vida en cada beso. Aún mantengo la piel erizada, y el temblor tenue del cuerpo, cuando sin cerrar los ojos te veo, a ti, en la sombra entregado al deseo. Nuestro arrebato fue vertiginoso, nunca supimos cuánto tardó aquello, por fortuna no mencionamos los te amo, ni los te quiero, en cambio repetimos los gemidos hasta convertirlos en música de fondo. 
Era una travesura, un impulso. Dos desconocidos que se tocan de aquella forma deben estar destinados a colmar su deseo. Tu cuerpo es viejo para mi, te habría encontrado, porque algo en ellos, nuestros cuerpos, se comunica.
Si el deseo lo abarca todo cuando estamos cerca, olvidamos los nombres, nada en ti me es ajeno si es sobre tu piel. La mente parece ausente, no importa lo que callas, debes tener mil secretos, ¿cuantas mentiras no me has dicho ya? Te esfuerzas poco, sabes que no escucho, sólo me concentro en tus labios, en las manos que me acarician, en el ritmo en el que tocas mis piernas, el orgullo de años atrás.

Te veo de perfil, al fin la inmensidad de acorta, al fin veo la escena, todo recobra dimensión, he dejado de escucharte respirar, nos repelemos por vez primera, nos separamos. Me pregunto, ¿quién eres?, creo que en tu rostro se ha instalado la misma interrogación. Ninguno fórmula aquellas dudas, quizá me lo cuentes mientras acomodas tu cabello, quizá lo menciones cuando me acaricies despidiéndote. Quizá podamos sentir algo, cuando nos reímos sobre la escena en la que nos encontramos.

jueves, 16 de julio de 2015

Regalo

Poseo menos que poco, así que mis regalos son simbólicos y como amo los micro cuentos y las pequeñas historias, esas que se asemejan tanto a la poesía, suelo darlos-compartirlos con frecuencia, como si esparciera migas de pan a las palomas. Uno de estos regalos me ha parecido tan bello que ahora tiro a puños esas migas a todos ustedes.


¿Qué es algo tan frágil que se rompe al decir su nombre? 

El silencio


(la cita posee referencia Siri Hustvedt, El mundo deslumbrante, pero hubo quién me informó que dicho acertijo lo había escuchado en una película y como es posible que sea como los refranes, una joya de todos y de ninguno, ya sabrán ustedes a quién atribuirle el trozo)

viernes, 3 de julio de 2015

El monzón de la ciudad


(Ilustración, Jimmy Liao, Desencuentros)


El metro se movía lento, la tormenta comenzaba, un grupo de personas corrían despavoridas ha guarecer bajo cualquier marquesina, un barullo comenzó, desde lo alto del vagón que se encontraba elevado y expuesto a la tormenta que se avecinaba, se apreciaba ese movimiento histerico de gente en plena carrera y de los coches apurados, el ruido era notorio. Un par de gotas y unos instantes después una tunda de proyectiles líquidos se había desatado, entre las carreras maratónicas de los pobres peatones. Continuo una calma extraña y ambigua, el volumen de la ciudad bajo, lo único que se escuchaba era la pieza rítmica del aguacero a decibeles cada vez más altos. Todo ello duro a penas unos minutos, desde la ventanilla pude ver como el ajetreo recomenzaba, los peatones varados bajo resguardo salían resignados a terminar empapados, los automovilistas recomenzaban con su orquesta de claxon.


Algo le debemos a la lluvia además de ese irresistible antojo a chocolate caliente, a esa forma eficiente que posee para fertilizar al campo, o la melancolía vertida detrás de una ventana o al ajetreo que arrastra tras el paso; y es ese cambio de ritmo, ese momento en que todos paramos, en el que el tiempo se reconfigura bajo otro ritmo, baja una medición ambigua, como si se expandiera y todo recomenzara, al fin es un balde de agua que nos hace despertar.


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Llovía y se hablaba de eso en cada mesa del lugar;


-¿Té has mojado mucho?

- No, logré cubrirme a tiempo.

-Me he mojado los zapatos, es muy incómodo.

-Yo también, me preocupa enfermar.

-Me gusta cuando llueve y el olor a humedad.

-¡Cliché! En esta ciudad la lluvia es tan sucia como sus calles y el olor está lejos de ser disfrutable, hediondo y fétido diría yo.

Las animadas conversaciones acerca del clima sufren de un gran problema, su corto aliento, la falta de desarrollo y el poco soporte que dan, son apenas un suspiro para distraer o disfrazar la conversación, el dato para comenzar la charla, la excusa para aminorar los ánimos. Un preludio pobre, pero eficaz; muletilla educada y válida. Hay que saber usarla sin el fastidio de un largo silencio, entender su corta vida y no sobre explotarla, como ahora mismo hago yo. Eso sólo mostraría una escasa conversación de nuestra parte y recordemos bien que estamos armados hasta las uñas de ocurrencias vacías, de memes graciosos para mostrar según la conversación de oportunidad. Pero hay que aceptar que el clima y sobre todo la lluvia no es un dato tan vulgar, como el video viral de la semana o el tren de los memes sobre la última ocurrencia de nuestro presidente, la lluvia por fortuna es un fenómeno más rico.


Ver llover debe ser de las primeras experiencias en nuestra vida infantil que nos sacuden la pacificidad del hogar, sobre todo si la lluvia está acompañada de una tormenta de relámpagos. ¿Qué opinión tendrá un pequeño que ve llover? Yo conozco uno que temía a la lluvia por un tiempo, incluso temía el sólo hecho de su anuncio en forma de nubes grises cargadas de gotas. Afortunadamente ese miedo se disipó pronto. Aprendemos como mi pequeño amigo a dejar de temerle, algo en ella invita a la danza, a los brincos en especial si sucede en un día soleado.

Sospecho que ver llover y creer que además de temor o alegría, la lluvia, es un escenario de poéticas reflexiones sólo acontece en nuestra transnochada visión adulta, pues son esas ideas cargadas como las nubes previas al desahogo, las que nos hacen creer que el flujo de liquido lavará el ánimo, la ciudad, el aire, el concreto.

viernes, 17 de abril de 2015

Peligros de la escritura


Hace poco leí Pretexta de Campbell, un texto que me recordó la importancia y el peligro de la escritura, porque es con ella, la escritura, que Bruno el enclaustrado cronista enmascarado de pretexta libra la batalla de la cordura y el temple, una mala jugada, porque Bruno pierde, se pierde a si mismo. Campbell no lo dice, es la portada de mi edición la que sugiere, la sensación que tuve al terminar el libro; estar tratando con un arma, un arma de múltiples objetivos.
El uso de la escritura asumiendo que son los autores los que la ”usan” y no ella a ellos. Diría que es posible controlar aquello que se escribe en aras de un fin, pero no son pocos los que declaran su necesidad, el mismo Cioran decía que escribía para no volverse loco y al final de sus obras dejo esbozada la idea de una terapéutica de la escritura, un salva vidas contra el suicidio, pero es Campbell quién me ha hecho pensar en el riesgo que corren aquellos que escriben, porque la apuesta no es poca.
La pregunta cliché de las entrevistas a escritores reformulada según variantes posibles radica en un ¿por qué?, un ¿por qué se escribe?... para no volverme loco dicen algunos, por necesidad otros, por el deseo. Me agrada pensar más en aquella idea del fármacon,  del que habla Derrida, un remedio que cura, pero que mantiene su acepción de droga. El fármacon no puede nunca ser simplemente benéfico, nos advierte Derrida.
La escritura nunca ha sido una cuestión menor, ni ahora creo que sea sólo el acto que libra de demonios y pensamientos a los hombres que se atreven a enfrentarse  contra la blanquitud de la página. Todos ellos son arrastrados a escribir y al momento de hacerlo han perdido, una perdida que tiene sentido en desposeer por desgracia, por contingencia, no por haber errado. A pesar de ellos mismos, a pesar de ajustar los anclajes, de limitar el fondo, de crear estructuras que puedan salvarlos; dispositivos para no caer y que al final no funcionan.
Porque escribir no es un acto del intelecto en el cual no se corran riesgos, no es un remedio inofensivo que todo lo cure. Nietzsche, junto con el loco Hörderlin, dos alemanes que habrán de ser prisioneros de sus pensamientos y que la única vía que encontraron para calmar a su mente fue la escritura, o el joven Rimbaud que tuvo que abandonar su escritura porque aquella fuerza le fue tan sobrecogedora que prefirió embarcarse hacía el sur y perderse en algún lugar de la tierra aún no explorada.
El remedio y la droga, la escritura como un fármacon puede convertirse en un arma. Una que apunta directo al corazón del que ejecuta, un suicidio que tenga la forma de un homicidio, como el poeta habrá dicho ya.  

lunes, 13 de abril de 2015

¡Qué forma de despertar!

Podría correr cien años y seguiría llegando justo cuando las puertas se cerraban.
Paul Auster, Cuidad de cristal.


Las pesadillas son para niños, pensaba, al tratar de clasificar mi sueño. Ahora que la víspera de mi onomástico se aproxima, en un día en el que dos escritores mueren, un amigo cumple años y es el día internacional del beso. Todo de sopetón y revuelto, como el desayuno que acompañé con café y la resaca del insomnio. Ahora que la mañana estuvo tan apretada.

Entro en la regadera esperando que todos esos datos se esfumen con el vapor o terminen por hacerse líquidos. Ni lo uno ni lo otro, mi sueño sigue ahí, mitad pesadilla pienso. Tal vez sólo fue un mal sueño, uno en el que pierdo a mi abuelo, mi auto, la ropa se encuentra en la calle y no sé dónde estoy. 

Debo volver a correr, no sé hacía dónde, ni para qué, pero correr, esas carreras freneticas hacía la nada, para caminar y encontrar, no se sabe qué. Tomaré el libro sobre Nijinski y me iré; para cuando pare, para cuando respire tener compañía, contarle mientras lo leo que no he podido parar desde hace años, que tome un camino extraño y confuso que no tiene paradas, que sus estaciones son torbellinos que absorben y expulsan a su antojo, que me siento más como en el profundo mar arrastrada por una corriente que como corredora. 
Nijinski parece ser de aquellos que saben escuchar, que saben mirar y hacer compañía, de esos que ya han pasado por todo y aquello les confiere autoridad. Quizá le pida consejos para desviarme de una buena vez, quizá me los de, quizá sin saberlo cada torbellino sea una parada de mi frenética carrera, y quizá al final encuentre justo lo que busco sin saberlo, y quizá después de todo en este camino para lo único que se para es para escribir y eso lo vale. 

miércoles, 8 de abril de 2015

La sobremesa de los recuerdos.


A tu diestra, el sitio que dejaron vacante para la llegada del extranjero, todavía sigue desocupado.
Ten paciencia. El que avanza hacia ti, encontrará libre el camino.
Qué importan las dificultades que él encontrará en camino. Él acabará, en un momento dado, por llegar, pues se sabe sinceramente esperado.   

Edmond Jabès, El libro de la hospitalidad.


Esperé días para sentarme, sin darme cuenta lo había hecho todos los anteriores sin falta, por espacios prolongados. Mientras reía y la sobremesa se alargaba como la tela sin cortar, no supe para qué ansiaba sentarme. Sería un deseo que se filtraba sólo como un acto sencillo que demandaba algo más apremiante, importante.
La mesa seguía puesta, el vino manchaba el mantel y los morones nunca cedían del todo. Ellos habían encontrado la felicidad en aquella habitación de ventanas altas y cielo luminoso. Mientras tanto yo seguía pensando en mi necesidad de sentarme, ¿dónde, para qué?

Han pasado tardes sin sobremesa, sin vino, ni risas; ha pasado el tiempo impostergable.

Sentarse pienso ahora es una invitación, y comprendo que mi ansia no era sobre sentarme en aquellas sobremesas de tenedores felices y copas que tintineaban; ansiaba lavar la vajilla, es decir, ansiaba reflexionar sobre las conversaciones acaloradas, mi ansia tenía un deseo; encontrarme frente al teclado, frente al recuerdo.

Necesitaba los trastes sucios, el cúmulo de chistes y opiniones. El cotilleo que se celebra entre amigos, porque de él habría de pensar después, atentamente. Mi ansia desmedida se debe en todo caso a mi premura, a mi desagradable hábito de la rememoración que incluye un amplio espectro de detalles.
La cámara lenta, atraparía la palabra dicha en voz baja, aquella que sea ha dicho para sí mismo, la que nunca debió ser expuesta, no por indecorosa, sino por inoportuna. Muy cerca de todo ese ambiente y lejos del chisme ocurren confesiones, miradas de camaradería, gestos en los que invitados y anfitriones se relajan y exponen, la felicidad ocurre ahí. La carcajada y la complicidad abundan, esos espacios deberían ser vedados para los traidores, nada con turbias intenciones merece departir en una mesa de amigos sino está en igualdad de honestidad ante ellos.

Una mesa debe mostrar ante todo una reunión de locos como aquel capitulo de Alicia en el país de las Maravillas, Una merienda de locos.

Mi ansiedad ha sido saciada, justo ahora que puedo escribir sobre aquella comilona.

lunes, 23 de marzo de 2015

Romperse la cabeza.


Hoy llueve, la ciudad ruidosa se levanta con un sol a medio vestir, humedad todo el día, su porcentaje debe ser tan significativo que hoy transpiramos copiosamente. 

4:30 am, una hora insana para cualquier acto, incluso el de fornicar, también para hacerlo hay horas establecidas por el hambre corporal. Alguien prepara café, otro escupe frente al espejo, que nos vistan sin hacernos ver, demanda crucial. 

Ya se han perfumado y talqueado los recovecos, no se te ocurra interferir con ningún detalle la premura de los choques programados. 
Hierve y se derrama agua, el fuego es el primer signo que delata a un madrugador, el fuego y el inodoro desahogándose. Mueve el cuerpo, deambula, es tan temprano que el amanecer espera, aquel instante en el que ya se puede mirar al cielo. 
-¡No salgas!... no lo hagas sin el impermeable, hoy la lluvia podría perseguirte. ¡No gires! (silencio), ¡que te has roto la cabeza!

-No recojas los pedazos, debes dejarlos esparcidos en el patio, algo de tu cordura se ha estrellado contra el concreto. ¿Duele, cierto?

-¡Claro que duele!, ¿acaso no ves como los ojos derraman dolor?

-Cierto, el dolor comienza en un lugar extraño, quizá en un diminuto espacio cerebral, está vez no viajo tanto, duele justo en el cráneo. 

-También se olvida el resto del cuerpo, no se es consciente de él. La mano responde y hasta que lo hace se vuelve a pensar en ella. Debí haberme roto la cabeza, pero aún la siento conectada, retumba dentro de mi cráneo, siento perfectamente como se contrae y se expande, tiene ritmo, un ritmo que inyecta multitud de espinas, creo que ya siento las conexiones cerebrales, he imaginado un mapa. 

-¡Anda ya!, sacúdete, es tarde.

Todo el día se es consiente de la cabeza, cada movimiento queda registrado. 

-Descanse la cabeza por favor.

-¿Puedo dejarla?, hoy no la quiero, la estrelle en la madrugada contra el piso y ya ve ha quedado estropeada. Puedo regresar por ella mañana.

-¿Quiere irse sin el cerebro, sin el cráneo o ambos?

-Ahmm... ¿podría dejarle sólo el cráneo?, el cerebro no me duele es el cráneo el que me queda justo. 

-Lo lamento, no es posible dejarlo irse así, sin protección.

-¡Protección dice!, qué estupidez, hace tiempo que no quiero protección, hace tiempo que podría haberme estrellado la cabeza y deshacerme de ese inservible caparazón, no lo ha tocado el viento, ni se ha empolvado, ¡qué cuestión tan triste!

-Son protocolos, no puede irse de esa manera.

-¿Sabe?, déjelo, me llevo mi abolladura, mi dolor, mi cerebro, mi cráneo. Usaré un casco, el cráneo lo guardaré en casa, porque no pienso dejar de estrellarme, me gusta lo que provoca, el primer instante es tan apacible, algo se apaga y todo se reinicia, seguro usted no sabe de lo que hablo. No importa, creo que también me desharé de mi caja torácica, últimamente tampoco mi corazón suena inquieto. 

-Es su responsabilidad, firme abajo, también fecha por favor.

La cabeza sigue latiendo, necesario oxigeno.

jueves, 19 de marzo de 2015

Ninuk, un nombre bello





                                          Djuna Barnes

Ninuk es un nombre armenio, lo escuché por primera vez el fin de semana.
Los vocablos y las palabras poseen magia, ¿lo dudan?, no deberían, hay palabras precisas, urgentes, hermosas y todas son útiles. Refieren a un objeto, acción, cualidad, todas develan un misterio; son un entramado de significantes. Los nombres propios en cambio son mejores que eso, son únicos. En tiempos demasiados viejos para tenerlos claros, se recuerda aquella peculiar manera de presentarse, al enunciar primero el nombre del padre seguido del lugar de origen, toda una genealogía de lo que se era.

Una tarde, una pequeña muy simpática llegó de visita junto a su madre; al recibirlas, la pequeña que inquieta y curiosa soltó una auto presentación peculiar. Sonrío como las buenas naturalezas de la infancia rigen, luego adelantó; -¡hola, soy la hija de mi mamá!- de nuevo sonrisa. ¡Claro!, tuve que sonreírle también. 
Aquella pequeña no había dejado duda sobre su origen, su autenticidad, era la hija de su madre y eso bastaba para cualquier presentación formal. No me pareció desafortunada aquella revelación, si fuéramos rigurosos, no hay como extender la mano; la derecha desde luego, sonreír amistosamente y cacarear nuestro nombre de pila, el que nos da licencia de ser nosotros inequívocamente. 
Por lo menos en México existen dos modalidades según nuestra educación y formalidad, nos presentamos anteponiendo el apellido paterno y luego el materno para rematar con el o los nombres, o bien comenzamos por afirmarnos con el nombre y dejar para el siguiente segundo los apellidos, no en todos los países sucede lo mismo, y a eso hay que agregar la pretensión para adelantar un, licenciado o un doctor en todo momento.
Pensé por un buen rato que hoy mucho más que hace siglos necesitamos de un gran compendio de credenciales que "autoricen" ser, aunque baste presentarse con la mera sonrisa y decir:- ¡hola, soy yo! (hijo de mis padres, de nacionalidad concreta, un entusiasta que carece de credenciales oficiales, cuyo rostro no encontrarás en las bases de datos robada y ofertada en lugares como Tepito; soy un cúmulo de fantasías inverosímiles, y de agregados tan variantes que necesitarás un par de años para conocerlos)

Podemos ser nuestros nombres o ser nosotros con nombres. Es probable que eso me gustara de Ninuk, que al escuchar la sonoridad de sus vocablos, supiera que refería a una mujer a una hermosa mujer y que ello bastaba para disfrutar del sentido poético, de la existencia y en ese caso de la artificialidad del cine.
 Un nombre propio esconde un mundo posible, es justo esa idea la que me tiene suspirando por Ninuk.

sábado, 14 de febrero de 2015

El mejor carruaje se encuentra bajo mis pies.


La única manera de dejar de sufrir consiste en mantener la cabeza vacía. La única manera de vaciarse la cabeza hasta el fondo consiste en ir lo más deprisa posible, lanzar tu caballo al galope, encararte contra el viento, no ser otra cosa que la prolongación de tu corcel, el cuerno del unicornio, con la única misión de atravesar el aire, hasta la lucha final en la que el éter vencerá, en la que el jinete y su montura, perdidos en su propio desbocamiento, se verán desintegrados y absorbidos por lo invisible, aspirados y pulverizados por los Ventiladores.
Elena es ciega. Este caballo es un caballo. Desde el momento en que existe liberación por la velocidad y el viento, existe caballo. […]
Llamo caballo a ese irrepetible lugar en el que es posible perder todo anclaje, todo pensamiento, toda consciencia, toda idea de mañana, para convertirse sólo en un impulso, para ser únicamente algo que se despliega. […]
Ésa es la razón por la cual nunca un caballo ha merecido tanto el nombre de caballo como el mío.
Si Elena no fuera ciega, se daría cuenta de que esa bici es un caballo y me amaría. 

                                                                                                     El sabotaje amoroso, Amélie Nothomb



Las historias en mi cabeza son más interesantes… le dije a mi analista, mientras pensaba en todas aquellas escenas ideales que he imaginado. Desdeñe los encuentros amorosos y los triunfos académicos que en el ensueño celebro. Así que me quedaban un puñado de deseos, algunos de lejanas miras y otros más cercanos como el de comprar una bicicleta y salir al mundo, bueno a las calles, dar un paseo.
La idea de la bicicleta surgió por la invitación de un amigo a practicar ciclismo, él aseguraba que era una gran experiencia, yo dudé, andar en bici lo aprendí desde los 5 años con mi esplendida bicicleta roja con llantitas traseras, entonces era fenomenal, ahora mmm… dudaba. Luego noté como veía con más regularidad a ciclistas urbanos o a grupos de paseo nocturno surcar la ciudad en una suerte de desfile a velocidad, fue entonces cuando la invitación surtió el efecto, tenía curiosidad. Aunque yo tenía bicicleta, sí una un tanto destartalada, oxidada, y que sólo usaba para ir por pan, tortillas y… eso era todo, esa bicicleta sin embargo fue robada en una mala noche, ya no había bicicleta y sí un pretexto para retrasar aquella idea. Me empeñe en adquirir una nueva, reluciente; meses después adquirí una a buen precio. La veía y me parecía maravillosa, pero luego me seguía de largo imaginando lo fabulantástico que me vería y sería usarla, ¡¡¡pero no la usaba!!! ¡¡Qué gran contradicción!!
Así que un día en que me obligué a salir de la cama muy temprano, un domingo silencioso y nublado me vestí y salí a rodar. En mi cabeza me decía una y otra vez, cuando te falte el aire y sientas un poco de cansancio regresas, además me decía que no llegaría ni a 2km antes de querer regresar. No fue así, desde el primer día opté por el carril confinado para bicicletas y sin prisa pero constante pedalee 12km, y no fue la distancia lo que más me emocionó, sino esa libertad de desplazarte, era esa energía que me impulsaba a seguir, el viento enfriando mis mejillas. Me descubrí feliz, emocionada, ni en mis mejores días de gimnasio me había sentido así, maravillosamente entusiasmada. Hubiera querido recorrer miles de kilómetros, no regresar.
Sé bien que ahora el ciclismo parece una tendencia y que no pocos se unen a ella más por moda que por querer ejercitarse o colaborar con un mejor transito en la ciudad, yo no lo hago por ninguna de esas causas, lo hago porque en aquel pequeño artefacto soy feliz y disfruto como cuando tenía 5 años surcar las calles a gran velocidad.  Así que en aquella frase desde el diván mentí, porque andar en bicicleta es mucho mejor cuando lo hago que cuando lo sueño.
Ahora tengo un casco muy chulo, y aún no le doy un nombre propio a mi bicicleta, que debería llamarse como yo: Leo, porque eso es de deschavetados.  

jueves, 15 de enero de 2015

UNA ESTIRPE DE ALCOHOL

Uno siempre vuelve, a los viejos sitios donde amo la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.

Dos líneas de una canción que muchos deben saberse y que al cantarla  una mujer que sabía sobre alcohol  y supervivencia como Chavela Vargas, dotan de singular sostén a Las simples cosas, que nos dicen, las devora el tiempo. 
El tiempo que aún no conoce instantes poéticos que lo detengan, que jamás ha suspendido su transcurrir. Así que cuando queremos detenerlo o regresar a un punto, recurrimos a la memoria, a volver a esos viejos sitios, hay muchos recursos para valernos y lograr nuestro propósito. Hay quien a paso necio congela un espacio sin mover un ápice, otros que atascan los cajones con objetos, hay quien recurre a la vieja e infalible, hasta ahora, practica de no olvidar, vaya chiste, porque lo saben desde ese instante, hasta que lo olvidan todo; que aquello que tan celosamente resguardan será transfigurado por la misma materia que lo conserva.  
Sabiendo esta inconveniencia menor deciden pese a todo, confiar en ella, en la memoria, entonces ella sonríe y coge la ofrenda. ¿Qué tesoros hemos dejado a su protección? ... uff!!... dejaremos que cada quién realice su contabilidad. 

Lo siguiente son los acuerdos a los que llegamos con nuestra memoria, porque ella ofrece una consulta con infinidad de planes. Olvidos cortos, recuerdos exactos, olvidos a largo y corto plazo, recordatorios constantes, recordatorios automáticos complicados de ser programables, etc. Nos ajustamos a ella y ella responde con eficacia. 
Eso parece pasarle a Dan Fante, hijo del escritor John Fante, sí, el mismo ebrio que escribió, Pregúntale al polvo, y que antes que Bukowski acaparara la atención de todos y la etiqueta del "realismo sucio" marcara su trabajo, y sobre todo mucho antes que vendiera sus guiones a Hollywood; antes que todo eso sucediera y John no supiera ni usar una máquina de escribir, antes, estaba Italia, el alcohol y las historias.  Así Dan Fante relata con aquella memoria que resultó ser fiel y dura como él mismo, lo sobresaliente de su vida y la de su padre, abuelo... hasta que él único que puede decir sin errar sea él. 

Mi vida ha sido intensa. En aras de la brevedad, no he incluido todos los matrimonios, novias, detenciones, empleos y palizas, solo los más interesantes.

Y vaya que es interesante...Fante, un legado de escritura, alcohol y supervivencia. Tiene tantas páginas que ahora mismo me regreso a seguir enterándome de muchas juergas y peleas de la familia Fante, que posee un camino de escritura y de la cuál no hay forma alguna de ser indiferente.

sábado, 3 de enero de 2015

Huellas caligráficas





Con suerte una noche en la que el insomnio parece instalarse y no tenemos más remedio que dejar de intentar conciliar el sueño, podremos escribir una pagina de la que podamos estar satisfechos. Su belleza debería radicar en el contenido o en hermosos trazos caligráficos, o podría tratarse de una dudosa crítica subjetiva alterada en grado sumo por la falta de sueño. Cualquiera que fuera la razón compartiré aquellas palabras que me han parecido perfectas, las comparto ahora justo antes de que amanezca y aquella perfección se vea afectada por la claridad del día y me percate de mi ceguera noctámbula. 

Mi caligrafia parece mejorar, ser más uniforme. Lo he notado en estás páginas, hay cierto equilibrio en ellas que antes no veía. Pensaba que escribir tan desastrosamente era muestra de mi sentir. Me apenaba volver la vista y contemplar tan horrible creación, sentía una vergüenza conmigo misma. Me parecía inconcebible aquello. Horror de caligrafía, horror de ortografía, horror de ideas; mi vida debería estar acorde con aquello, un desastre, catástrofe. 
Siempre me han gustado esas palabras rimbombantes que ejemplifican con grandeza los hechos, porque le aportan algo inexistente a los recuerdos, una mentira en la misma narración de la "verdad" y que no son del todo falsas, sólo exageradas y sobre ello no deberíamos ser tan intransigentes, dado que todo el tiempo concedemos anomalías. La exactitud siempre ha sido un problema para mi. 

sábado, 13 de abril de 2013

Anotaciones; confesiones menores que versan sobre redes de referencialidad.

Decidí anotar un largo y enmarañado titulo al post de hoy. Imagino que debe ser una muestra de la caótica sintonía de mis ideas.
Pronto cumplo 27, es una formalidad señalar mi cumpleaños, sobre aquello debo de confesar mi único pesar. Tengo nulas posibilidades de formar aunque sea simbólicamente parte del grupo de los 27; astros juveniles que cegados por su luz y por las miradas del mundo cayeron en otro sitio, uno menos ruidoso. No seré una estrella de rock muerta a los 27 años. (fin de mi único y sincero lamento vital)

Ahora que si de lamentar escribo, también debo lamentar haber descubierto tan tarde aquel libro de Patti Smith, "Éramos unos niños" en donde sin un gran estilo está mujer narra su amistad con el fotógrafo Robert Mapplethorpe. Acabo de decir que no hay un gran estilo, es cierto, pero el libro tiene infinidad de datos, una libertad y sobre todo una voz infantil, ¡qué al diablo el estilo!

Por ello les escribo y dejo un fragmento del libro; si gustan de la música de Patti Smith, deberían ver el trabajo de Robert y  luego encontrar un anecdotario de ritmo fluido e imágenes que me hicieron recordar a ese gran libro de Estefan Sweig, El mundo de ayer; que es decir lean "Éramos unos niños"


No obstante, Robert y yo habíamos explorado los límites de nuestra obra y habíamos creado un espacio para el otro. Cuando subía a los escenarios del mundo sin él, cerraba los ojos y lo imaginaba quitándose su chaqueta de cuero, entrando conmigo en la tierra infinita de las mil danzas.

El muchacho que yo había conocido era tímido y tenía dificultad para expresarse. Le gustaba dejarse llevar, que lo cogieran de la mano para entrar sin reservas en un mundo distinto. Era masculino y protector, pese a ser femenino y sumiso. Meticuloso en su vestuario y modales, también era capaz de un desorden atemorizante en su obra. Sus mundos eran solitarios y peligrosos, y vaticinaban libertad, éxtasis y liberación.


jueves, 15 de noviembre de 2012

La llegada a la escritura.



(La postal va dirigida a Isabel Nuñez, su blog es: http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.mx/

Si escribes mujer, lo sabes tanto como yo: escribes para dar cuerpo a tus Libros de Futuro porque el Amor te dicta tus nuevas génesis. No para llenar el abismo, sino para amarte hasta el fondo de tus abismos… Léeme–lámeme, escríbeme el amor. Ella no se pone en abismo para saturar la abertura temida; ella celebra sus abismos, los quiere abiertos, desea su sin-fondo, su promesa: nunca nos colmarás, nunca te faltará el buen vértigo; para tu hambre nuestros sexos sin fin, nuestras diferencias. 
Eso escribía la propia  Hélène Cixous:
Escribir: para no dejarle el lugar al muerto para hacer retroceder al olvido, para no dejarse sorprender jamás por el abismo.
En otra parte ella dirá:
Locas: las que son obligadas a re-hacer acto de nacimiento todos los días. Pienso: nada me está dado. No he nacido de una vez para siempre. Escribir, soñar, parirse, ser yo misma mi hija de cada día. Afirmación de una fuerza interior capaz de mirar la vida sin morirse de miedo, y sobre todo de mirarse uno mismo, como si fueras a la vez de otro,­ –indispensable para el amor –y nada más ni menos que yo.
La llegada a la escritura, así se titula un pequeñísimo libro editado por Amorrortu. Un fuego que ha horado sus propias páginas hasta convertirlas en pequeños pedazos de ceniza encendida; de fuego olvidado pero vivo.

Yo sólo tenía la «mala» razón, no era una razón, era una pasión, algo inconfesable, –e inquietante, un rasgo de la violencia que me afligía. Yo no «quería» escribir. ¿Cómo habría podido «quererlo»? […]
[…]Pero había locura. Escritura en el aire a mi alrededor. Siempre próxima, embriagadora, invisible, inaccesible. ¡Escribir me atraviesa![…]

Cioran dijo infinidad de veces que un libro debería ser una bofetada y además, que un lector, debe considerarse tal hasta no haber releído los textos.
…pues eso hago yo… releer a Hélène nueva mente, volver sobre mis lecturas, para descubrirlas distintas, encendidas y palpitantes. Seres de vida misteriosa, cuya existencia se enciende, como el sexo femenino, al contacto de los ojos que virtuosos invasores acarician de nuevo el profundo significante del texto.
Entre las letras, las palabras, los párrafos y las paginas de esté texto voy como antes sorprendiéndome, ya no sólo con las ideas expresadas, con la conversación dice Proust de una mujer honesta, por que eso es la lectura; … la conversación que uno tiene con los hombre y las mujeres más honestos del pasado… (parafraseando a Proust) sino con mis propias anotaciones.

Bendita escritura que deja la huella legible de los pensamientos…

Eso es este, como dije antes, pequeñísimo texto; un poema de prosa libre y sobre todo de libre escritura, una suerte de viaje al pensamiento de tan fabulosa escritora. Hélène  muestra en un pequeño recorrido aquello que tan amorosamente ha trabajado y lo muestra gracias a que escribe acerca la escritura y sobre su propia escritura (Amar: conservar vivo: nombrar. …nos dice…)… sobre sus condiciones,  sobre la de los demás.
Un pequeño ratón de los libros es este texto, cuya riqueza sobre el origen de la lengua que fluye femenina y que se detiene para dilucidar su origen, sus movimientos y sobre todo a  decir femenino sus palabras ganadas, conquistadas y dadas en ofrenda. 

Gottfried Helnwein



Sobre Gottfried no será la única entrada, pero por ahora les dejare un par de sus obras y les recomiendo ampliamente ir a las distintas sedes que han reunido y en estos días exponen parte de su obra. 






"Nos encontramos ante espejos que perturban no por lo que muestran, sino por lo que extraen de lo más íntimo de nuestra psique." (Texto de la exposición del Museo de San Carlos)


[Aquí les dejo escasos lectores de mi espacio, un texto de Cixous y unas obras de Gottfried Helnwein.
Así es como despierto a mi pequeño blog, animal abandonado por mi, que espera a que regrese, siempre espera, sabe esperar y yo sé regresar.]

jueves, 12 de julio de 2012

Rimbaud el hijo

Hace semanas que termine este pequeño pero abrumador libro, que encontré en alguna feria literaria, o cace mientras mi amigo y yo dábamos una vuelta. 
Sobre el libro diré que es un ejercicio de ficción sobre la vida del enfant terrible de la literatura francesa Arthud Rimbaud, con muchos datos biográficos y una narración que se desborda; dejar suelta esa posibilidad de completar los rincones oscurecidos, darles la oportunidad se ser enunciados y vistos, aunque se trate de un parpadeo y de la imaginación de su autor Pierre Michon, que une y confunde los porqués en la vida del poeta. Dejo en mi pequeño espacio algunos fragmentos para quien a quedado interesado en el libro. 
Debería tener en la solapa o en un pie de pagina música sugerida con varias opciones para ser leído, esta idea se la he robado al mismo amigo que me acompaño al encuentro del libro. 
Mientras escogía los fragmentos escuchaba el soundtrack de Pina una fabulosa y delicada película, sobre danza y  Pina Bausch, otra gran recomendación que me permito dejar. Así todo parece tener sentido, Pina, Rimbaud; la música, la danza; el mundo y la creación. Almas que abrazan sus cuerpos y se sostienen por sí mismo; la libertad nace en ellos y vuelve a ellos...
 ¡¡¡Qué nombres me han poblado la mente está noche!!!! 




Ella hacía añicos las flores y las sonrisitas, como todo lo demás: porque no quería a ese hijo que era ella, porque no se quería a sí misma, por lo que sabemos; porque no le gustaba de sí misma más que ese pozo sin fondo donde todo se hundía; y estaba demasiado ocupada tanteando a ciegas las paredes de ese pozo, buscando el fondo, para darse cuenta de que crecían florecillas junto al brocal. [...] ...había encontrado una solución al a altura de la de su madre, y fabricaba para ese duelo inconmensurable pequeños regalos inconmensurables; padres nuestros de su cosecha: grandes trozos de lengua rimada que ella no comprendía, pero en los que veía al inclinarse sobre ellos, tal vez sin poder leerlos, algo desproporcionado como su pozo y obstinado como sus dedos, la marca de una pasión devastadora que había olvidado su causa y sobre pasado su efecto, la marca del puro amor sin efecto...


Sabemos que acabó por sobrepasarlos, que lo llevó a cabo y que fue su maestro: rompió el riel y también se rompió el hocico, en dos tiempos y tres movimientos.


...la infinita libertad de los amores sin objeto...


...las cartas son pequeñas trampas para otro, para un solo otro, que uno quiere echarse a la bolsa; y Rimbaud alcanzaba la excelencia en esta disciplina de cazador de pájaros.


...esos segadores oían por allá arriba al autor de la Temporada sollozar; y en esos sollozos desde hace un siglo se ha querido oír un duelo, la pérdida de Verlaine, la ruina de las ambiciones literarias, el plomazo recibido en cierta ocasión en el ala; además del duelo de la videncia, de los trucos mágicos para hacer llegar el verbo, todas eses supercherías futuristas que la Temporada desaprueba sin ambages; pero me pregunto si esos sollozos, esos gritos, ese puño en decadencia golpeando la mesa, si en eso, más allá de todo duelo no había un gozo muy antiguo y completamente puro. Tal vez se trataba de los sollozos de la brillantez, los de cuando por casualidad, una vez en la vida, la gracia cae en la página: los que la frase justa nos arranca cuando nos arrastra hacia adelante, los que nos quiebran cuando el ritmo justo nos empuja con furia por la espalda, y entonces, deslumbrados en medio de todo, decimos la verdad, proferimos el sentido, y no se sabe cómo, pero en eso instante sabemos que en la página está la verdad, está el sentido; y usted es ese hombrecito que dice la verdad; y vuelve en sí en un triste agujero de las Ardenas, en Guarida de lobos, junto a una vieja negra e insensata, el sentido se sirvió de su mano de bruto, de su duelo de bruto, de su corazón de niñita, para una vez más aparecer entre sus despojos de palabras. Su abrigo de junio. Usted se pone a llorar ante ese abrigo.

lunes, 9 de julio de 2012

De los libros a medias...

Luego había leído la última página, el libro había terminado. Era preciso detener la enloquecida carrera de los ojos y la voz que seguía sin ruido, deteniéndose sólo para recuperar el aliento, en un suspiro profundo. 
Proust, Sobre la lectura.


A media semana me rendí, soy una lectora de mitad, mitad de libros.... o ...compradora compulsiva y más compulsivo mi uso y abuso del inicio. A penas veo un nuevo libro y me apresuro a desgarrar su envoltura de ser el caso y hurgar con mi ojos avivados sus primeras líneas, esperando la revelación de los secretos. No alcanzo a ver que tan negativo es la acumulación de inicios y el olvido de finales. Por ahora los finales tardan más, y me he percatado del esfuerzo que debo realizar para no confundir, las tramas o los argumentos de cada una de mis lecturas. Debe ser poco pedagógico está locura en mi escritorio y en la mesita de noche; lo sospecho, pero por ahora poco haré al respecto. Reconozco un desequilibrio en mi hábitos, más estoy segura de que no se trata de leer como antes, ni al mismo ritmo ni  con el mismo sistema; sino de dejar que mis lecturas vayan tomando su propia forma, regularidad-irregularidad, constancia-letargo, y sobre todo, su lugar en la reflexión.  






La lista de las inicios que esperan sus finales...

-Sobre la lectura, Marcel Proust (es tan pequeño que ni yo misma lo entiendo)
-Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud  (esté debe ser plan con maña...)
-Qué aburrido hubiera sido ser feliz, Marguerite Yourcenar, de Michèle Goslar
-Amrita, BananaYoshimoto (es el nuevo... hace unos días que los comencé)
-La muerte y la niña, Juan Carlos Onetti (a Onetti hay que leerlo despacio, y disfrutar de su Santa María)
-La pianista, Elfriede Jelinek 

-Natalia Goncharova, Marina Tsvietáieva (una verdadera casualidad dar con en libro... irresistible)

miércoles, 20 de junio de 2012

Auster....


                                                 First Love 1993, Gottfried Helnwein


Hace tiempo como éste espacio he olvidado mis lecturas sobre Auster, un par de días atrás de la noche, justo antes de irme a descansar mi extraña mente disparo un pensamiento, había olvidado todo lo que he leído sobre Auster... de trasfondo había una postal que escribir. 
Le compre una a un querido amigo y aún no decidía que poner, eran varios los logros que había que festejarle.... (La historia tiene más bla, bla, bla...) pero no he de contarla, es como dije el trasfondo para volver al blog, para rescatar un par de citas que re-encontre en mis libros de Auster; los que tengo a la mano y no he prestado. Me quede pensando después de buscar en el librero, que el que más me ha gustado de los leídos es;  El libro de las ilusiones... aún no regresa a mi, pero el trueque literario lo hará volver pronto. 

Si tienes algo roto por dentro, tendrás que arreglártelo con tus propias manos.
(Invisible)


Me puse a gritar y después me permití enloquecer. 
(El palacio de la luna)


Deje de escribir y mantener este espacio por varios meses, ahora voy una vez por semana a contar-me sin escribir.