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miércoles, 11 de agosto de 2010

Putas asesinas


El titulo de una serie de cuentos de Roberto Bolaño, escritor chileno que ya he comentado en esté blog.

No parece haber un tema que unifique los relatos de esté libro, hay una reflexión interesante sobre la muerte que por una u otra razón es tratada en las historias. Cuentos como: Las putas asesinas, Dentista, El retorno, El encuentro con Enrique Lihn; ejemplifican de manera soberbia dicha reflexión. Entonces sea ese el tema que permea el libro.

Yo me quedo con El ojo Silva, el primero y quizá de las más fuertes historias que se vierten en esas páginas. Pero termino mi comentario con una cita de otro cuento del libro, que espero ubiquen si se animan a leerlo.

Aquí debería acabar este relato, pero la vida es un poco más dura que la literatura.


jueves, 21 de enero de 2010

El país de los ciegos


Lo maravillo de leer a H. G. Wells, es encontrar esa tierna felicidad que suscitan las palabras, es sentir en el cuerpo el inmenso sonsuelo de sus personajes. Sus historias embargan, llenan los pulmones de fresco aire. La fantasía que hay en el, la realidad que es distorsionada para crear mundos fantásticos, hace que sea imposible una cita; toda narración de Wells es una gran cita, un cuento que alberga una quimera inagotable de felicidad y angustia.

Pese a que su obra es sumamente extensa, bastará comenzar con los pequeños cuentos del escritor para deleitarse. Además de esta recomendación otro titulo fácil y hermoso es La puerta en el muro, una historia sobrecogedora.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Amos Oz

Y, de hecho, ese extraño impulso que tenía de pequeño, el deseo de darle una segunda oportunidad, a lo que no tenía ni tendría nunca una segunda oportunidad, es uno de los motores que mueven aún hoy mi mano, cada vez que me pongo a escribir una historia.

Una historia de amor y oscuridad (Amos Oz)

Sensible mano de hombre, mueve los recuerdos hechos polvo, los sacude los trae de nuevo frente a ojos extraños. Busqué un día su nombre y no supe si había algo en el, o en la portada de aquel libro (no es criterio, es sensación), que me emociono el rostro. He comenzado a leerlo (más de 600 páginas), tal vez al igual que algunos no lo deje ya.


sábado, 5 de septiembre de 2009

Alexis o el tratado del inútil combate




Una larga carta de despedida, un hombre y un matrimonio triste.
Marguerite Yourcenar aclara en el prólogo de está obra, que sería más sencillo seguir con el relato de Alexis que escribir de Mónica una repuesta.
Novela corta y dulce, en el que se adivina el alma atormentada de Alexis, hombre sensible que lucha consigo mismo. Hay que agradecer el sutil tratamiento que Marguerite logra al tratar un tema tan lastimoso aún en estos años.
Una lectura que se mueve entre líneas negadas al pudor, y que reclaman aquello que el mismo Alexis pide a su bella esposa; Amiga mía, siempre te he creído capaz de comprender, lo que es mas difícil que perdonar.
Hay que denotar otros elementos presentes, críticas a la Alta cultura y un lenguaje por demás hermosos.
Les dejo unos fragmentos de la historia, para incitar su lectura o para negarles un gozo tan pleno de la misma.

- Nos hemos mentido tanto y hemos sufrido tanto con nuestras mentiras que no arriesgamos gran cosa tratando de encontrar la curación en la sinceridad.

- No saben que la naturaleza es más diversa de lo que suponemos: no quieren saberlo porque les es más fácil indignarse que pensar.

- Así es como, a medida que van desapareciendo los que hemos amado, disminuyen las razones de conquistar una felicidad que ya no podemos gozar juntos.

- Hay como un goce en saber que somos pobres, que estamos solos y que nadie piensa en nosotros. Nos simplifica la vida, pero es también una gran tentación.

- Qué difícil es, aunque se tomen muchas precauciones, no hacer sufrir...

- En ese ambiente culto y, sin embargo, frívolo, parece como si la inteligencia fuera un lujo más.

- ... aquellos a quienes todo falta se apoyan en Dios y es precisamente en ese momento cuando Dios les falta también.

jueves, 27 de agosto de 2009

Citando a Duras y una nueva Marguerite

Sigo con la fiebre de está autora y sin darme cuenta he leído más de 7 obras de ella y tres más que aún no termino. No estoy segura si eso es demasiado o no, pero es mucho más de lo que suelo leer para un solo autor.

Hoy he terminado una bella historia llamada; Emily L. de mi admirada Duras. Les dejo una carta tan fuerte y tan desdichada que extraje de la novela y unas citas que resumen la atmósfera de aquel bar a la orilla del mar, de esos rostros, de esas historias que entre diálogos entrecortados; desvanecidos en la luz tenue, corre el tiempo de partida fundando miradas ya casuales y nunca desapasionadas.

"He olvidado las palabras para decírtelo. Las sabía, y las he olvidado, y aquí le hablo en el olvido de esas palabras. Contrariamente a todas las apariencias, no soy una mujer que se entregue en cuerpo y alma al amor de un solo ser, ni siquiera a aquel que más quiere en el mundo. Soy un ser infiel. Me gustaría mucho encontrar las palabras que había guardado para decirle esto. Y he aquí que me acuerdo de algunas. Quería decirle lo que creo, que había que conservar siempre ante uno –he aquí la palabra, me acuerdo- un lugar, una especia de lugar personal, eso es, para estar solo y para amar. Para amar no se sabe qué, ni a quién, ni cómo, ni cuánto tiempo. Para amar –he aquí que de pronto me acuerdo de todas las palabras...- , para conservar en sí el lugar de una espera, nunca se sabe, de la espera de un amor, de un amor quizá sin destinatario todavía, pero de esto y sólo de esto, del amor.

Quería decirle que usted era esta espera. Usted se ha convertido por sí solo en la cara exterior de mi vida, aquella que nunca veo, y así permanecerá, en el estado de este desconocido por mí en que se ha convertido. No me conteste nunca. No conserve esperanza alguna de verme, se lo suplico.

Emily L. "

martes, 18 de agosto de 2009

Detectives Salvajes...


He terminado de leer una novela larga de historias cortas.
Cada historia se repliega en sí misma hasta tocar con tentáculos suaves a veces imperceptibles a los demás. Hay nombres que se repiten como siempre, la familiaridad de las palabras.
Preguntas en el aire, y el final no parece final, sino la hecatombe de algo que sucedió líquidamente. Tan salvaje, lastimosamente salvaje, o real, viseral.