jueves, 11 de noviembre de 2010

La locuela



Locuela. Esta palabra, sacada de Ignacio de Loyola, designa el flujo de palabras a través del cual el sujeto argumenta incansablemente en su cabeza los efectos de una herida o las consecuencias de una conducta: forma enfática del "discursear" amoroso.


Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.


Si alguien nos soñara juntos, nos encontraríamos. 


Marina Tsvietáieva, correspondencia.


Bajo los infortunios de la codicia, temo desear tanto aquello que me ha sido negado. Busco la mano, esa mano invisible, y encuentro sino formas viejas, sabias de luz inagotable, pero de piel desgastada, sin el calor de la bondadosa primavera. 
Busco fragancias. Piel aromática que arrastre mi cuerpo contra esos ojos dormidos. Ahí yace mi deseo distendido en sus ansias. Negando esas manos que se le entregan, y arrojando miserias al destino. No quiero perderme de nuevo, reuso hacerlo por tú nombre, dibujado apenas con pintura, sobre el grabado de aquel hombre muerto.
Golpeo furtivamente la puerta, la desgarro con mis manos que parecen cada vez más pequeñas. Apenas y puedo recordar el ritmo de tú resuello, en aquellas noches de placido goce. Quiero el abrigo de entonces. No te busco, no lo haré, tendrías que llegar solo y abrirme. Agoto mi sueño para esperar… suena el despertador con voz estruendosa. Es hora de despertar…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Leyendo la correspondencia de Musia



De nuevo leo correspondencia, y vuelvo a experimentar la sensación de saciedad, mi curiosidad va siendo apagada en cada línea. Se cuentan las "miserias cotidianas" con una profundidad envidiable. Entre Rilke y Marina Tsvietáieva hay una correspondencia fervorosa y apasionada. 


R. M. Rilke- M. Tsvietáieva
Val- Mont, Glion sur Territet (Vaud)
Suiza
17 de mayo de 1926


–Marina, gracias por el mundo...


De Rilke un poema de su libro; El libro de las horas

Soy yo, ¿no escuchas ya, tú, tan miedoso,
cómo me estrello en ti con todos mis sentidos?
Mis sentimientos, que encontraron alas,
circundan de blancura tu gran rostro.
¿No ves el alma mía, qué cerca está de ti,
en traje de silencio?
¿Acaso no madura mi plegaria de mayo,
en tu mirada, como sobre un árbol?


Si eres tú el soñador, yo soy tu dueño.
Si quieres vigilar, yo soy tu voluntad,
y me hago poderoso sobre magnificencias
y hasta me redondeo como estelar silencio
sobre la gran ciudad, peregrina, del tiempo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

MICTLANTECUHTLI




-¿Y tu alma? ¿Dónde crees que haya ido?
-Debe andar vagando por la tierra como tantas otras; buscando vivos que recen por ella. Tal vez me odie por el mal trato que le di; pero eso ya no me preocupa. He descansado del vicio de sus remordimientos. Me amargaba hasta lo poco que comía, y me hacía insoportables las noches llenándomelas de pensamientos intranquilos con figuras de condenados y cosas de ésas. Cuando me senté a morir, ella me rogó que me levantara y que siguiera arrastrando la vida, como si esperara todavía algún milagro que me limpiara de culpas. Ni siquiera hice el intento:”Allí se acaba el camino –le dije-. Ya no me quedan fuerzas para más.” Y abrí la boca para que se fuera. Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba amarrada a mi corazón.


Pedro Páramo, Juan Rulfo



Otra ofrenda para los muertitos, otro día para pensar en ellos, en nuestras propias muertes, las chiquitas y las grandotas. Un salud para los que se fueron y otro para los que se quedaron esperando, irse junto con ellos. Por las derrotas y las desdichas, por los recuerdos. 
Pensar la muerte, cada día más cliché, más a moda que a "tradición". Ya no quiero ir a ver las ofrendas asediadas, multitudinarias; foto acá, foto allá, muy mono todo. ¡¡¡¡¡¡Patrañas!!!!!, ahora resulta que a todos les gusta el olor a cempazúchitl, uy que rico el pan de muerto!!! Así ni como defender mi propio agrado al día. Por eso ya no me agrada esté "día de muertos", en lo que se ha ido convirtiendo, me agradará cuando deje de ser "in" y sea de mal gusto. La muerte es horrible, y si la festejamos no es porque nos atraiga, sino por que nos da miedo. Me gusta porque hace patente todo lo que he perdido, las tragedias, las historias de mi niñez; enclavada en aquel pueblo lleno de mujeres susurrando cantos formidablemente tristes. 
Ya puse mi ofrenda, por si acaso, por si vienen y tiene sed y hambre. Ya fui a ver la megaofrenda de CU y descarte la idea de ir a ver las del Zócalo, con una peregrinación de curiosos tengo, gracias. Debería ir a ver a mi abuela, a rezar junto con ella por sus hijos que hace tanto murieron y a ella le siguen doliendo. Ir a casa de ese tío abuelo y sentir escalofríos al ver su fotografía amarillenta, recordar por un instante imágenes borrosas de sus manos pequeñas, con esos dientes blancos preguntando; -¿no quieres más hija? 


Para otro dato contradictorio; quería una foto con la catrina, muy linda y fielmente vestida. La verdad yo quería un tamal de dulce, y pan de muerto, los ojitos de preferencia, escuchar música tradicional, ver las veladoras y oler el copal. No hay manera de describir como esos detalles me conmueven. Cómo quisiera estar de nuevo allá junto a mi abuela, para que que me explicara que esperar a los muertos es rezarle todos los días antes de salir de casa y ponerles agua porque vienen cansados de su viaje. El 1 de noviembre sus hijos vuelven a estar a su lado y ella les pide perdón y ellos le perdonan. -Porque tus tíos eran muy pequeños cuando murieron. (Yo apenas y entendía que mis tíos podían ser unos bebés cuando murieron y que aún así fueran mis tíos) 



jueves, 14 de octubre de 2010

Vivo con la esperanza... El libro de las ilusiones.


Todos queremos creer en lo imposible, supongo, convencernos de que pueden ocurrir milagros.

Lo que importa no es la habilidad para evitar los problemas, sino la manera en que se enfrenta uno a ellos cuando se presentan.

Sólo había transcurrido año y medio, y quería seguir guardando luto. Lo único que necesitaba era otro proyecto en que trabajar, otro mar donde ahogarme.

No es casualidad que haya dedicado años a la cuestión de Rimbaud. Usted comprende lo que significa volver la espalda a algo.

Piedra azul. Héctor ya había visto esa piedra, y sabía que no existía, que la vida que iban a crear para ellos se basaba en una ilusión.

Fragmentos de El libro de las ilusiones.

Hace un par de semanas que no subo entradas al blog, esto se debe en gran parte a que me encuentro cansada; no de escribir, ni de leer, sino de los sucesos que han ido aconteciendo. Desde la caída de un primo pequeño, la perdida de un conocido, el regreso de un amigo, la perdida de una ilusión, las llamadas inesperadas, el adelanto de la tesis, en fin, un cúmulo de pequeñas miserias cotidianas que han hecho que mis pensamientos sucumban en prioridad de actos concretos.
Recibo endoso de mis tranquilos días anteriores. Pese a ello o mejor dicho gracias a todos esos sucesos, hoy  de alguna forma, de la mejor forma que puedo estar he leído y visto un par de películas,  escrito algunas anotaciones sobre los hospitales. Ya iré dejando cosas en este espacio. Ahora que termino de leer El libro de las ilusiones de Paul Auster, me gustaría comentar algo breve de el.
Más allá de lo bueno, debe serlo si me tuvo atrapada con casi 340 paginas. De Auster y en especifico de esté relato podría decirles que reflexionar una y otra vez sobre los acontecimientos, sobre sucesos que determinan decisiones no es un acto fácil. Nadie se prepara para los acontecimientos, estos suceden, no hay control ni proyección; algunos un poco más precavidos pueden tener mejores formas de afrentar dicho suceso, de hacerle frente, pero cada uno de nosotros está expuesto a sufrir de eventualidades mínimas o de desgracias. Reconstruir los fragmentos de esos acontecimientos es ya una apuesta. Llamaré aquella imagen que se ha ido haciendo muy popular; tirarse al vacío sin medidas de seguridad, lo haré porque la seguridad que se tiene de llegar a buen puerto cuando se reflexiona sobre una gran tragedia o una gran perdida son tan escasas como inexistentes. Negarse sin embargo al riesgo y seguir destino abajo o arriba según parezca, me parece una huída equívoca, llena de justo, lo que se evita, inesperados acontecimientos que cimbren las existencias personales . Si entre el riesgo y evitar hacer algo, no hay distinción sino de rumbos y no de consecuencias, entonces apostemos a reflexionar, predispuestos ya a ser acreedores de sucesos, de tragedias, de perdidas y de muerte. Por lo menos yo lo prefiero. 

martes, 21 de septiembre de 2010

A nadie...




He de aceptar que Liliana Felipe tiene poca voz, pero la fuerza de la interpretación, la ironía que imprime, la sencillez; el juego de la seriedad y el de la burla, han hecho que adore está canción. Entre el peso y la levedad... 
A veces es bueno querer irse, preferir no hacerlo, forzar los órganos hasta verlos colapsar. Perder no debe ser tan malo y si lo es, quizá sea inevitable. Hasta la contemplación para en algún momento, ¿o no?


jueves, 9 de septiembre de 2010

Tacones... lejanos

Lo que exigen los moralistas a una fotografía es algo que ninguna puede hacer jamás: hablar. La voz ausente es el pie y se espera que diga la verdad. Pero aun un pie absolutamente preciso es sólo una interpretación, necesariamente limitada, de la fotografía que acompaña.
Susan Sontag, Sobre la fotografía

La anterior imagen, que, literalmente -robé- de una pagina de fotógrafos españoles, despierta un atractivo difícil de explicar o de formular coherentemente. Así me gustan las fotografías, sugerentes, en especial las que sugieren decadencia, ahí donde se puede completar la historia, una narración que surge apenas visible. ¿Quién habita esos tacones?, ¿hombre, mujer?, ¿cuál será su rostro, vivaz o maltrecho?, ¿qué historia guardará aquel bolso?...


Como me gusta ver una y otra vez está imagen, como se escapa de mi, para habitar ese pasado, un tiempo anterior que se hace presente, capturado en este espacio y en otros tantos. Imaginar, suponer, falsear, mentir, inventar, que importa lo que hagamos de esa imagen, si ya está aquí, para ser lo que sea, lo que a ti y a mi se nos venga en gana. 

martes, 7 de septiembre de 2010

Escuchando...


Hoy tengo ganas de arañarte la cara, picarte el costado, sacarte lo bravo. Saca la garra, echemos un tiro, te arrastro en el piso, hasta que pidas auxilio… Lo siento soy yo, lo siento soy yo, hoy no es mi día...

San Pascualito Rey

Re-descubriendo el viejo disco de San Pascualito Rey, una maravilla. Amargosidad amorosa, es hora de sacar las galletas de animalitos e intentar suicidio (de ingesta), o mejor, disfrutar el disco Sufro,sufro,sufro, hasta su última nota. Dejemos que la melosidad “ruda” invada el espacio.

De regreso a ti, querido blog. Sin saber quiero, llego, me instalo, habito.