domingo, 6 de febrero de 2011


La única forma que hoy imagino para amar. Duras lo ha descrito de manera fabulosa. 

Con todo así pudo usted vivir este amor de la única forma posible para usted, perdiéndolo antes de que se diera.

Duras

martes, 1 de febrero de 2011

Hospitales del viejo año...


Se pasea en los parques, las calles, incluso en los panteones, pero, ¿en los hospitales? No ahí no se pasea. Se está por casualidad o por desgracias, esperando. Con mejor suerte sólo una consulta o un pequeño incidente. Mientras se espera, se observa el ir y venir de otros tantos desgraciados. Aquí la imagen de aquellos días en esos pasillos largos y atestados de niños y madres lacerados.

–El flujo de madres bajo ese sol reacio y enorme que acicala sus hombros, que pese a ello no las debilita en fuerza y tenacidad.  Van sorteando las preocupaciones y los lamentos. Allá van ellas cargando a cuestas a sus engendros, extensiones de sus cuerpos. Cosas diminutas. Apenas si se mueven entre sus brazos maternos.
Ellas llegan tristes y quejumbrosas a ese largo pasillo, al enorme conjunto de habitaciones y salas de espera.
En aquellos ojos bañados de luz y llanto no hay tristeza, sino la profunda indiferencia de racionalizar el dolor; gritan, lloran con lagrimas visibles y sin pudor, lloran sus cuerpos que es lo único que comprenden. Allá duele, allá, en esos brazos que los sostiene y en sus diminutos cuerpos. Dulces engendros heridos. Temen morir o estar muriendo, sin saber lo que es “temer”. Pequeñas criaturas, algunas desprovistas aún del lenguaje, reducidos a la mirada perdida y a los lamentos incomprensibles.
Pasillos inmensamente largos, inmensamente callados. Un eco de alegría o uno de dolor. Ahí todos los sonidos taladran el cuerpo, excepto el júbilo propio de ya no  tener que seguir ahí. ­­­–

martes, 11 de enero de 2011

...estallé en un llanto analfabeta.



¡Oh noche!
Van creciendo los arroyos
que en el sueño desembocan.
Ya se me cierran los ojos.
En medio de la noche
alguien se ahoga.

                                    Fragmento, Insomnio, Tsvietáieva.

Asomar a penas las narices a esa monstruosa realidad en la que me hayo perdida y ciega. Absurda forma de pasar días con un ajetreo que me parece vil y pueril.  Atediada en menesteres burdos. La suma de pequeños incidentes, la ritualidad en la que me veo obligada a pasar estos días. Sonreír a penas y deja ecos.  

lunes, 15 de noviembre de 2010

A los "aniversarios malditos"



La canción es divina, la voz de Chavela una maravilla.
Pensé en tantas canciones, pero está parecía adecuada, hay algo de verdad y mucho de mentira. Un rincón del alma para los recuerdos gratos otro para las desdichas...

jueves, 11 de noviembre de 2010

Justificaciones...

La necesidad de este libro se sustenta en la consideración siguiente: el discurso amoroso es hoy de una extrema soledad. Es un discurso tal vez hablado por miles de personas (¿quién lo sabe?), pero al que nadie sostiene; está completamente abandonado por los lenguajes circundantes: o ignorado, o despreciado, o escarnecido por ellos, separado no solamente del poder sino también de sus mecanismos (ciencias, conocimientos, artes). Cuando un discurso es de tal modo arrastrado por su propia fuerza en la deriva de lo inactual, deportado fuera de toda gregariedad, no le queda más que ser el lugar, por exiguo que sea, de una afirmación. Esta afirmación es, en suma, el tema del libro que comienza.


Ronald Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.

La cita, la anterior entrada y el vuelco sobre el blog, tienen sus porqués, no es casualidad que escriba en estas fechas. Como rayo fulgurante, desciende el inconsciente y esclarece sólo para empañar los recuerdos y las certezas. La simple certeza, todo le pertenece al pasado y no más búsquedas en el baúl. 

La locuela



Locuela. Esta palabra, sacada de Ignacio de Loyola, designa el flujo de palabras a través del cual el sujeto argumenta incansablemente en su cabeza los efectos de una herida o las consecuencias de una conducta: forma enfática del "discursear" amoroso.


Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.


Si alguien nos soñara juntos, nos encontraríamos. 


Marina Tsvietáieva, correspondencia.


Bajo los infortunios de la codicia, temo desear tanto aquello que me ha sido negado. Busco la mano, esa mano invisible, y encuentro sino formas viejas, sabias de luz inagotable, pero de piel desgastada, sin el calor de la bondadosa primavera. 
Busco fragancias. Piel aromática que arrastre mi cuerpo contra esos ojos dormidos. Ahí yace mi deseo distendido en sus ansias. Negando esas manos que se le entregan, y arrojando miserias al destino. No quiero perderme de nuevo, reuso hacerlo por tú nombre, dibujado apenas con pintura, sobre el grabado de aquel hombre muerto.
Golpeo furtivamente la puerta, la desgarro con mis manos que parecen cada vez más pequeñas. Apenas y puedo recordar el ritmo de tú resuello, en aquellas noches de placido goce. Quiero el abrigo de entonces. No te busco, no lo haré, tendrías que llegar solo y abrirme. Agoto mi sueño para esperar… suena el despertador con voz estruendosa. Es hora de despertar…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Leyendo la correspondencia de Musia



De nuevo leo correspondencia, y vuelvo a experimentar la sensación de saciedad, mi curiosidad va siendo apagada en cada línea. Se cuentan las "miserias cotidianas" con una profundidad envidiable. Entre Rilke y Marina Tsvietáieva hay una correspondencia fervorosa y apasionada. 


R. M. Rilke- M. Tsvietáieva
Val- Mont, Glion sur Territet (Vaud)
Suiza
17 de mayo de 1926


–Marina, gracias por el mundo...


De Rilke un poema de su libro; El libro de las horas

Soy yo, ¿no escuchas ya, tú, tan miedoso,
cómo me estrello en ti con todos mis sentidos?
Mis sentimientos, que encontraron alas,
circundan de blancura tu gran rostro.
¿No ves el alma mía, qué cerca está de ti,
en traje de silencio?
¿Acaso no madura mi plegaria de mayo,
en tu mirada, como sobre un árbol?


Si eres tú el soñador, yo soy tu dueño.
Si quieres vigilar, yo soy tu voluntad,
y me hago poderoso sobre magnificencias
y hasta me redondeo como estelar silencio
sobre la gran ciudad, peregrina, del tiempo.